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Hoy os vengo a hablar de algo que me esta cambiando realmente la vida: la copa menstrual. Este es el punto en el que todas las personas a las que este tema se la traiga al fresco, deberían cerrar la página y dedicarse a otra cosa ;).

Antes de nada os tengo que confesar que ha sido todo un descubrimiento y un acierto aventurarme a utilizarla.

Os voy a contar un poquito mi trayectoria como mujer menstruante: mi menarquía fue a los 13 años y vino en forma de regalo de Reyes unos días atrasado. Desde entonces, como buena adolescente a la que se le están regulando las hormonas, he tenido menstruaciones muy irregulares. Al principio mis ciclos estaban muy descompensados pero apenas me enteraba de ella (a parte de por el aparatoso cambio de compresa). Con el paso de los años, se me reguló un poco más y con ello vinieron las anemias (ya que sangraba muchísimo los primeros días) y los dolores insoportables en la zona de los riñones. Pasado el tiempo, la anemia fue desapareciendo pero cada vez me dolían más los periodos y tenía un síndrome premenstrual horroroso.

Siempre he usado compresa y algún tampón para ocasiones contadas y especiales, ya que nunca he sido muy amiga de ellos por diversas razones. Hace relativamente poco tiempo empecé a oír hablar de la copa menstrual, de la que solo leía cosas buenas.

Yo me veía incapaz de usarla, ya que solía costar mucho ponerme un tampón y no me sentía preparada para introducirme eso con seguridad en la vagina.

Resultado de imagen de copa menstrual

No me terminaba de convencer, así que me olvidé un poco del tema. Aunque siempre he sido bastante ecologista y un poco comprometida con el medio, tengo que deciros que últimamente me he vuelto mucho más.

El uso de la copa menstrual durante el periodo ayuda a reducir de forma muy considerable los residuos que, como mujeres, no tenemos más remedio que “generar”. Si teneís unas reglas muy abundantes y duraderas como las tenía yo, os veréis obligadas a consumir un paquete de de compresas al mes mínimo, lo que supone además un gasto del cual no somos realmente conscientes ya que es un “consumo necesario”.

Además de eso, vamos a sumarle que las compresas y tampones están hechas con sustancias que provocan daños en el cuerpo de las mujeres como la irritación y SST. Os voy a hablar de mi propia experiencia y de lo que he podido sacar en claro en mi corto uso de la copa menstrual:

  • Mis reglas se han vuelto considerablemente más cortas
  • El sangrado ha disminuido considerablemente (además de que realmente no sangramos tanto como parece cuando usas una compresa o un tampón)
  • Los días dolorosos (que tampoco son ni la mitad de intensos que antes), se han reducido a uno
  • La irritación ha desaparecido prácticamente por completo
  • Aunque el desembolso inicial es alto, a la larga se ahorra
  • Puedo hacer cualquier tipo de actividad sin preocuparme por tener que cambiarme ni sentir molestias porque me roza la compresa o preocuparme por si se me ve el cordoncillo del tampón
  • Conoces mucho mejor tu cuerpo, como funciona… y empiezas a respetarlo un poquito más, dejando de tratar la sangre que sale de tu cuerpo como algo asqueroso y sucio

Os he querido hablar abiertamente de mi menstruación porque estoy un poco harta de esconder según qué cosas. No entiendo porque algo tan natural como es ovular y ser simplemente mujer, tiene que esconderse tanto y ser, hoy en día aún, un tema tabú (como muchas otras cosas).

Así que desde aquí, mujeres que me estéis leyendo, os animo a probarla y que, si queréis, me pidáis consejos y me contéis cómo os va.

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